Restos pampeanos

Autor/a y Categoría
  • Ensayo argentino
  • González Horacio
  • Colihue

    Hacé tu pedido

    Descripción

    «Simple y verdadero sería comenzar este libro con la indicación de que llamamos pampa a un conjunto de escritos argentinos, que son escritos sobrevivientes pero eclipsados o abandonados. De ahí también la cómoda idea de restos. Porque son escritos guarecidos dificultosamente de la desidia. Escritos que fueron elaborados, leídos y en su mayor parte olvidados, a lo largo de este siglo que finaliza.» Así se anuncia este espléndido texto, donde son convocadas e hilvanadas con filigranas y profusión barrocas las voces de Ramos Mejía, Vicente Fidel López, José Ingenieros, Ameghino, Carlos Astrada, los épicos Martínez Estrada y Leopoldo Lugones, los solitarios Arlt, Macedonio, el batallador Scalabrini Ortiz, hasta desembocar en la tumultuosa polifonía de la segunda mitad del siglo: Borges y Perón, Cooke y Trotski, Halperín Donghi, Arturo Jauretche, Hernández Arregui, Santucho y Gombrowicz, Masotta, Walsh, hasta Roberto Galasso, León Rozitchner y un Viñas señalado como último proyecto de la retórica pampeana. Horacio González cuestiona con el balance de toda esta literatura el tan de moda como reduccionista concepto de «invención cultural», que excluye a los humildes actores de un tiempo colectivo cuyo sentido han disputado con otros hombres -sus adversarios o enemigos-, que significa no entender la historia de la emancipación humana que se libra en el seno de las sociedades. Otro de los propósitos declarados del libro es considerar lo que él llama «una de las formaciones ideológicas más notables de las luchas sociales argentinas, que en los años sesenta cobró la vestidura de la izquierda nacional». «Toda nación pronuncia con un soplo de voz el nombre de una revolución. Así, va dejando vidas, textos y gritos por el camino. El insistente y si se quiere imposible propósito de este libro es recogerlos en el balance histórico de un siglo, no para disponerlos de nuevo en confiantes anaqueles, sino para hacerlos hablar otra vez con la justa y callada presuposición de que valía la pena la pasión social argentina.»