Prosopopeyas

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Descripción

Había llegado en el Mercedes Benz hacía menos de una hora a este lugar exclusivo, después de ingresar por un portón alto y de hierro a un predio totalmente cercado por unos muros que hacían imposible ver lo que había detrás de ellos, y bajándose del automóvil acompañado por el chofer silencioso que lo había conducido hasta el interior del salón donde estaban cenando, había llegado hasta esa mesa, notoriamente separada del resto, y situada estratégicamente como para que pudiera observar a través de los inmensos ventanales el fascinante espectáculo del río por la noche, donde el Cuchu Cambiasso lo estaba esperando.
¡Un gusto, Breguet!…, había exclamado el Cuchu cuando finalmente llegó hasta la mesa, parándose ágilmente a pesar de la panza, al tiempo que le estrechaba la mano derecha con su diestra poniendo encima la izquierda, como si lo estuviese agarrando para no soltarlo. Sin embargo, eso no había sido más que una impresión suya, porque lo había soltado de inmediato, invitándolo a sentarse con un gesto amable, en frente de donde estaba él sentado, deliberadamente de espaldas al río para que Breguet pudiera mirar, toda la noche de haberlo deseado, el espectáculo maravilloso de ese caudal torrentoso de agua que pasaba delante de sus ojos, a través del inmenso ventanal que enmarcaba el cuadro.