La imposible realidad

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  • La imposible realidad

    CASAGRANDE

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    Descripción

    Este primer volumen se estructura a partir las postulaciones y planteos sobre la estética realista.
    Se busca reunir relatos que presenten distintas realidades “representadas” o que operen como la fuente de inspiración de los mismos. Esa realidad se reinventa y se reconstruye en los textos literarios que pretenden dar cuenta de ella con cierta pretensión de objetividad. Es decir, generan una nueva realidad a partir de los discursos ficcionales que cuestiona, impugna o desestima la noción misma de realidad, suplantándola por la idea de “verosímil”.

    “Rosario Se Lee se gesta con una fuerte convicción: la necesidad de difundir la literatura local, los autores y las autoras que han hecho pie en la ciudad, que no siempre son conocidos o no tienen asegurada la difusión de sus trabajos en las editoriales más comerciales; y si de escuela se habla, no aparecen en los manuales de estudio que mayormente se editan en Buenos Aires.

    La selección de los textos y sus autores, de reunirlos en volúmenes —realismo, ficción y poesía— responde a la clasificación más nombrada de los géneros literarios. Una manera de facilitar un marco de trabajo conocido en las escuelas secundarias, alrededor de la enseñanza de la materia lengua y literatura. El desafío es el de ofrecer una propuesta diferente de tomar estas disciplinas: “A pesar de que sostenemos este ordenamiento teórico, queremos ofrecer un abordaje creativo, interesante, dinámico, que facilite la apropiación y el disfrute de los cuentos y poemas que se incluyen en los libros”.

    Cada antología es acompañada por una serie de actividades, pensadas como sugerencias para profundizar en los textos propuestos. No se trata de las invitaciones conocidas que abundan en los manuales, para medir la comprensión de lo leído. Son ideas pensadas por profesoras y profesores que están en las aulas, que trabajan en las escuelas secundarias, que tienen la intención de abrirse a otras lecturas.

    “También son una manera de visibilizar al docente como productor de contenidos, de mostrar su trabajo, sobre todo en un momento en que se somete su función a un permanente bastardeo”, apuntan y subrayan que las actividades presentadas son orientativas, para ser recreadas. Ideas que motivan posibles relaciones con otros lenguajes y disciplina, además de “lecturas complementarias que ensanchen los horizontes y propuestas de trabajo que vinculen la teoría con los textos””.

    Extraído de la nota de Marcela Isaías para La Capital