CRITICA Y FASCINACION

Descripción

Nos hallamos frente a la fascinación de un duelo de sombra a sombra. El hombre asombrado que balbucea frente a las ruinas.

Juan Ritvo escribe desde la grieta eruptiva de palabras, decepcionada de su vacío pero a contramano de la decepción: volcánica, retoma la ceniza de trabajos previos –se avivan las brasas de su Decadentismo y Melancolía– con la misma clave musical barroca de entonces. Si la ceniza es el estado previo a la nada, el pensador las vuelve fuego presente: «Esta proliferación casi espontánea de gerundios que me acaba de ocurrir, dice para mí algo esencial: hay algo que no pasó, que ahora está pasando». Así escribe el crítico fascinado, como si sólo conociera el mundo mientras escribe, tal como recoge en un epígrafe elegido. De allí las conjugaciones imposibles: César Vallejo y Joseph Roth, Mario Levrero y Honoré de Balzac, Luis Tedesco y W.G. Sebald, Georg Büchner y Marcel Proust, y otras muchas. Filósofos, escritores, críticos, pintores, fotógrafos; todos dialogan en el mismo banquete urdido en clave báquica: hay un demiurgo que en su fascinación borra las diferencias para no traicionarse, para insistir en una extraña fidelidad: «volver a descubrir la grieta indomeñada que comunica, a contratiempo, nuestra cultura con un clasicismo amenazado de muerte por el fetichismo académico».

Del mismo modo que el ojo falso en el ala de la mariposa, oficiar el ardid de abrir un ojo al vuelo; un aleteo que es parpadeo: «del parpadeo de la ceniza se obtiene la victoria de la permanencia de la forma construida, aunque se trate de una simple conjetura».

Laura Salino